Conspecto de la orientación filosófica de Lorenzo Peña y Gonzalo

Lorenzo Peña y Gonzalo inició su carrera académica en la Universidad Pontificia de Quito en 1974, recién licenciado en filosofía, reanudándola en 1979 tras cuatro años de estudios de tercer ciclo en Lieja, donde recibió su doctorado en filosofía con una tesis sobre la lógica contradictorial, escrita bajo la supervisión de Paul Gochet.

Procedente de un hegelianismo juvenil de tinte marxista --matizado por la afición a otros filósofos, como Platón, Leibniz y Nicolai Hartmann--, Lorenzo, en los años 70 --bajo nuevas influencias, sobre todo las de Frege y Quine--, fue adoptando progresivamente los métodos de la filosofía analítica y de la formalización matemática. De su opción primitiva conservó una creencia en las contradicciones verdaderas (expresada por Hegel en su célebre aserto: contradictio est regula ueri, non-contradictio falsi); sólo que ahora implementada mediante una lógica gradualista o difusa (gracias a las aportaciones de Lukasiewicz y L. Zadeh), que es, al mismo tiempo, paraconsistente (confluencia con Newton da Costa).

Tras regresar a España en 1983, Lorenzo fue profesor de la Universidad de León hasta incorporarse al CSIC en 1987 como investigador científico. En 1992-93 fue investigador visitante en Canberra (Research School of Social Sciences, ANU).

A lo largo de la mayor parte de su itinerario Lorenzo se consagró esencialmente a las dos disciplinas de la lógica y la metafísica, que siempre quiso unir desde una perspectiva de realismo ontológico, teniendo que afrontar ásperas oposiciones desde los paradigmas establecidos, a uno y otro lado de la frontera entre sendas áreas de conocimiento. En aquella época su obra más significativa fue precisamente El ente y su ser: Un estudio lógico-metafísico (1985). En esos años Lorenzo publicó asimismo trabajos de teodicea, filosofía lingüística, teoría del conocimiento e historia de la filosofía (Platón, Leibniz, Nicolás de Cusa), con breves incursiones en otros campos filosóficos. Como rótulo característico de aquella etapa de su trayectoria, Lorenzo acuñó el de ontofántica.

A partir del año lectivo 1993/94, las preocupaciones intelectuales de Lorenzo fueron experimentando una paulatina modificación, concentrándose, primero, en la lógica de las normas para después irse consagrando a los problemas fundamentales de la filosofía del Derecho --incluyendo, entre ellos, la lógica de las situaciones jurídicas. Esa reconversión se tradujo en un nuevo recorrido discente --licenciatura (2004) y Doctorado (2015) en Derecho-- y en su adscripción al área universitaria de filosofía jurídica, a la que pertenece en la actualidad.

Durante estos últimos años, el esfuerzo investigativo de Lorenzo se ha centrado en ahondar en los problemas de la racionalidad jurídica, proponiendo una visión del Derecho como un sistema de normas comprometido, por su propia esencia, a incorporar unos cánones no promulgados, sin los cuales ningún conjunto de prescripciones podría ser un genuino ordenamiento jurídico. Tales cánones constituyen un verdadero Derecho Natural, en la línea del racionalismo clásico. La impronta de Leibniz reaparece aquí en toda su pujanza.

En este nuevo período, su principal obra ha sido el libro Visión lógica del derecho: Una defensa del racionalismo jurídico (2017).

Actualmente los dos objetivos primordiales de Lorenzo son:

Fuera del terreno académico, Lorenzo (habiendo ya olvidado su pasión por la práctica del ciclismo) dedica su tiempo libre, no sólo a perfeccionar sus conocimientos lingüísticos y saciar un poco sus afanes enciclopédicos (sobre todo a aprender más historia), sino también a escribir ensayos sobre temas sociales, históricos y políticos (incluyendo los relativos a la Universidad). Sus cogitaciones vienen divulgadas en bitácoras y portales de cuya producción se encarga personalmente él mismo. De sus fijaciones intelectuales cabe mencionar: la libertad migratoria, todo lo referido a África (continente que lo apasiona) y los derechos animales.